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Un día en la oficina con ballenas azules

ICB news, 27/3/2013 - Desde la Isla Grande de Chiloé en el sur de Chile, Mariano Sironi -Director Cientifico del ICB - comparte sus vivencias participando como investigador en la décima temporada del “Proyecto Alfaguara” que desarrolla el   Centro de Conservación Cetacea  para estudiar y conservar las ballenas azules en el noroeste de Chiloé.

Atardece en la costa de acantilados rocosos de la Isla Grande de Chiloé en el sur de Chile. Luego de 10 días de quercún, llegó la calma a este rincón del océano Pacífico. “Quercún” es el término que usan los locales para referirse a los días de espera bajo la lluvia casi constante, el viento fuerte y la neblina que lo cubre todo, hasta que vuelven el sol y algo de calma, para volver a salir al mar. Hoy fue uno de esos días, y fue un día maravilloso.

Estoy colaborando como investigador en la décima temporada del “Proyecto Alfaguara” que Bárbara Galletti y Elsa Cabrera del Centro de Conservación Cetacea desarrollan para estudiar y conservar las ballenas azules en el noroeste de Chiloé.

El trabajo con ballenas nos lleva a una “oficina” bastante especial: el mar. Nuestro transporte es la lancha Alfaguara,swiss replica watches y el camino hacia la oficina empieza en la caleta de pescadores de replica rolex la Playa Puñihuil. El conductor es el capitán José Aviles, y la primera intersección que pasamos tiene bastante tráfico aéreo: cormoranes, gaviotas y pelícanos se cruzan de un islote a otro, desde donde los pingüinos nos miran junto a las olas que rompen en los bordes rocosos cubiertos de cochayuyos, las inmensas algas pardas típicas de estas costas.

Más adelante llegamos a la siguiente intersección, la isla Metalqui, una reminiscencia de tiempos pasados con acantilados casi verticales a cuyos pies las playas están cubiertas por miles de lobos marinos. Allí giramos hacia el mar abierto. Hemos navegado unos 50 kilómetros, y llegamos a la oficina, donde divisamos los primeros soplidos de las ballenas azules. Comienza el trabajo.

Nos aproximamos a dos ballenas que nadan unos segundos en la superficie, para luego sumergirse a buscar su presa: el krill. Ésta es una zona de alimentación para varias especies de ballenas. Esperamos unos diez minutos hasta que vuelven a respirar y a mostrar sus lomos. Cada vez que veo una ballena de cerca, sigue maravillándome su inmenso tamaño, la elegancia de sus formas, la belleza de sus movimientos. Y las ballenas azules son las estrellas por su tamaño, elegancia y belleza. Deben su nombre al indescriptible color que uno percibe justo antes de que emerjan del agua: una mezcla de celeste, turquesa, esmeralda… como una gigantesca pincelada de cielo luminoso avanzando en el mar.

Identificamos a las ballenas azules analizando el patrón de manchas oscuras y claras sobre su lomo, en combinación con la forma y el tamaño de su aleta dorsal. Elsa es la encargada de tomar las fotografías que permiten la identificación de cada individuo. Parada cerca de la proa, se equilibra entre las olas para obtener secuencias de fotos de cada ballena. Mientras tanto, Bárbara toma detalladas notas sobre el comportamiento de las ballenas y su localización en un GPS, y coordina con José los movimientos de la lancha.

La secuencia de trabajo se completa cuando nos aproximamos para que yo pueda obtener una muestra o biopsia de piel y grasa. En el laboratorio, la médica veterinaria Andrea Chirife y un equipo de investigadores realizarán análisis que revelarán información inédita y esencial sobre la estructura genética, niveles de contaminantes, posibles enfermedades y estado de salud de las ballenas azules de esta población.

Nos rodean más soplidos a la distancia, y navegamos hacia otras ballenas azules para repetir la secuencia. A veces nos llevamos sorpresas, como cuando hoy encontramos dos ballenas jorobadas, esas cantoras del mar que emiten las canciones más largas creadas por cualquier especie de animal no humano. Tomamos fotografías de sus colas, pues en este caso es el patrón de color blanco y negro en el lado ventral de la aleta caudal el que permite saber quién es quién.

Luego de varias horas en la oficina, regresamos a casa mientras baja el sol. En el camino, un embotellamiento nos hace reducir la velocidad y desviar el rumbo: unos quince delfines australes rodean el bote y nadan junto a nosotros. Se alejan y regresan varias veces, vemos sus bellísimas siluetas bajo el agua, y saltan a nuestro alrededor. Los delfines me llenan de alegría, no sé por qué ni busco entenderlo, pero siento que todo se vuelve una fiesta de energía salvaje y refrescante que me hace reir y sentirme bien.

Llegamos a la playa con esa sensación, con cientos de fotos de ballenas azules, nuevas muestras para estudios científicos, y más imágenes grabadas en el alma para seguir trabajando por la conservación de las ballenas y del mar.

Por suerte, mañana nos espera otro día en la oficina.

Cordialmente,

Mariano Sironi, desde la isla de Chiloé

Agradezco especialmente a Elsa Cabrera y Bárbara Galletti por su cálida amistad y hospitalidad, y felicito al Centro de Conservación Cetacea de Chile por sus esfuerzos incansables por la conservación de las ballenas y su ambiente marino.

Desde el año 2004, el Centro de Conservación Cetacea de Chile desarrolla con gran éxito el “Proyecto Alfaguara” (ballena azul) en las aguas del noroeste de la Isla Grande de Chiloé. Su objetivo es garantizar la efectiva recuperación de la población de ballena azul del hemisferio sur en aguas chilenas, a través de la investigación y monitoreo sistemático de la especie, el desarrollo responsable del turismo de avistaje de fauna marina de replica watches uk base comunitaria y la participación activa e informada de la ciudadanía en la adopción de medidas de conservación. Esta zona del Pacífico Suroriental es una importante área de alimentación para varias especies de ballenas. Con la mayor abundancia relativa de ballenas azules en el Hemisferio Sur, es crítica para la conservación de esta emblemática especie.

Se puede difundir citando la fuente. © Instituto de Conservación de Ballenas. 

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Dos ballenas azules liberan sus soplidos de varios metros de altura en un mar excepcionalmente calmo para estas latitudes


El Dr. Mariano Sironi sostiene la primera biopsia de piel obtenida en el día (foto: Elsa Cabrera – CCC)
José Avilés, Bárbara Galletti y Elsa Cabrera junto a la lancha “Afaguara” del Centro de Conservación Cetacea en la playa Puñihuil