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Reflexiones en el Día Nacional de la Ballena

Península Valdés, 24 de setiembre de 2015 - Se acerca el Día Nacional de la Ballena Franca Austral. Mariano Sironi desde el Golfo San José en Península Valdés comparte sus vivencias y reflexiones acerca de la historia de Garra, la ballena que el identificó cuando era un ballenato y que luego por el incidente que tuvo como juvenil dio origen al Dia Nacional de la Ballena

Por Mariano Sironi

Se acerca un nuevo Día Nacional de la Ballena en Argentina. Este día me conecta de manera especial con la protagonista de la celebración, la ballena bautizada “Garra”. Es muy probable que yo sea quien vio a esta ballena por primera vez, pues desde un acantilado en el Golfo San José de Península Valdés fotografié a Garra en agosto de 2001 cuando era un ballenato recién nacido. En octubre de ese mismo año, mientras sobrevolaba el San José fotografiando ballenas, volvimos a encontrarnos con Garra cuando tenía al menos dos meses de edad.

Catorce años más tarde, escribo estas líneas mientras escucho las olas rompiendo en la playa. Sólo las escucho, pues es una noche oscura, ventosa y nublada en la que, estando solo en la estación de investigación, apenas me ilumino con la luz de una vela. Escucho las olas pero no las veo, así como tampoco veo ese mismo acantilado desde el que, hace 14 años, vi a Garra por primera vez. Mientras escribo y escucho estas olas en la oscuridad, pienso que fueron otras las olas que alguna vez rompieron sobre esta playa luego de acompañar los movimientos del parto de Victoria, la madre de Garra. Esas olas mecieron el cuerpo de Victoria mientras paría, bañaron a Garra de la sangre que lo rodeaba, le dieron la bienvenida al mar, y llegaron a esta misma playa trayendo esos primeros contactos del cuerpo de Garra con la sal y el agua y las algas y los peces y las aves y los cantos rodados que hoy se pulen en la playa batidos por otras olas una vez más.

¿Dónde está Garra hoy? ¿Dónde estás Garra hoy, mientras te recuerdo nadando junto a tu mamá como el bebé recién nacido que eras cuando nos vimos por primera vez a unos pocos metros de aquí? No sé dónde estás, pero me hace feliz saber que estás por ahí. ¿Tendrán esta playa y estas piedras y estas olas la presencia de Garra marcada aun en su esencia? ¿serían esta playa y estas bahías y la vista desde estos acantilados iguales si Garra no hubiera estado aquí? No. Esta playa y estas bahías y la vista desde estos acantilados no serían iguales sin Garra. Serían lugares empobrecidos, les faltaría algo de su esencia, serían sitios incompletos. Y esto casi fue así, porque Garra, de joven, te enredaste en sogas y cadenas cuyo peligro no conocías. Tuviste suerte, porque te enredaste frente a los ojos de una comunidad de personas sensibles que hicieron lo posible por salvarte, y te salvaron. Y por eso ahora celebramos el día de la ballena. Celebramos el haberte salvado de sogas y cadenas, pero… ¿podemos realmente celebrar cuando hay aun miles de sogas y cadenas en los mares del mundo? Garra, hoy te saludo, catorce años después de haberte visto nadando aquí nomás cuando eras un bebé sin heridas de sogas y cadenas. Y guardo la esperanza (¡ayudame vos a tenerla!) de que nunca más te suceda lo que te sucedió, ni a vos ni a ninguna otra ballena nadando libre en los océanos.

La historia de Garra

El 25 de agosto de 2001, los investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas fotografiamos a Victoria (la ballena 200 del catálogo de foto identificación) nadando junto a su cría en el Golfo San José. En ese momento, bauticé a ese ballenato como "Zarpazo" debido a una llamativa mancha blanca en su lomo, similar a la huella dejada por el arañazo de una garra. Con al menos dos meses de edad, reavistamos a Zarpazo durante el relevamiento aéreo que hicimos a fines de octubre de ese mismo año, cuando nadaba junto a Victoria en el Golfo San José antes de su primera migración.

El 25 de septiembre de 2002, una ballena juvenil se enredó en las cadenas del fondeo de un catamarán de avistajes en Puerto Pirámide. Los guías balleneros y buzos locales fueron los primeros que intentaron desenredarla. Pero, la imposibilidad de acceder a las cadenas bajo el agua, los llevó a tomar la original decisión de vararla intencionalmente para cortar las cadenas en la playa durante la bajamar.

Con el esfuerzo de toda la comunidad, las cadenas fueron cortadas y la ballena fue mantenida fresca durante varias horas en espera de la marea alta. Para el atardecer, volvió al mar. La ballena liberada era un macho joven que tenía una llamativa marca en el lomo parecida a un “zarpazo”.  Era el hijo más joven de Victoria, “Zarpazo”, que había regresado a Valdés con un año de edad.  “Zarpazo” fue rebautizado como "Garra", dada la forma de la marca blanca en su lomo y dada su vital resistencia a las maniobras de rescate que lo liberaron.

Los enmallamientos en redes y sogas de pesca y las colisiones con barcos son las principales causas de muerte de muchas ballenas. Si bien los golfos de Península Valdés aún no tienen alta densidad de sogas, redes y cadenas, la historia de Garra demuestra que estos riesgos existen y los enmallamientos también suceden aquí. Debemos comprender las necesidades de hábitat de las ballenas para mejorar y controlar las actividades humanas en el mar y lograr la conservación de las ballenas a largo plazo.

Garra afortunadamente pudo sobrevivir a pesar de las heridas y el estrés sufridos: fue reavistado en septiembre de 2006. La supervivencia de Garra demuestra cómo el esfuerzo colectivo puede tener un rol esencial en la conservación de las ballenas en nuestros mares.

El 25 de septiembre se declaró Día Nacional de la Ballena Franca Austral para conmemorar el día en que toda una comunidad se unió para rescatar a Garra. Una placa colocada en Puerto Pirámides recuerda este excepcional evento.

Se puede reproducir citando la fuente. © Instituto de Conservación de Ballenas

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Garra fotografiada desde el aire por Mariano Sironi en el 2001
El 25 de septiembre de 2002, una ballena juvenil se enredó en las cadenas del fondeo de un catamarán de avistajes en Puerto Pirámide. Los guías balleneros y buzos locales fueron los primeros que intentaron desenredarla. Pero, la imposibilidad de acceder a las cadenas bajo el agua, los llevó a tomar la original decisión de vararla intencionalmente para cortar las cadenas en la playa durante la bajamar. Fotografia; Roxana Schteinbarg
Te invitamos a conocer a la Familia de Garra
http://bit.ly/1iyqkyB
Con el esfuerzo de toda la comunidad, las cadenas fueron cortadas y la ballena fue mantenida fresca durante varias horas en espera de la marea alta. Para el atardecer, volvió al mar. Fotografia: Roxana Schteinbarg