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Ataques de Gaviotas

Las gaviotas cocineras han aprendido a alimentarse de la piel y la grasa de las ballenas francas vivas en Península Valdés. Las gaviotas se posan sobre la espalda de las ballenas, y con sus picos abren la piel para comer la grasa viva, un alimento de alto contenido energético. Los picotazos causan dolor a las ballenas, alteran su comportamiento normal e incrementan su gasto de energía durante un período muy sensible de su ciclo vital: la crianza de los ballenatos. Las ballenas aumentan su velocidad de natación y cambian su postura de descanso arqueando la espalda para evitar los picotazos, que interrumpen el amamantamiento y el normal desarrollo de las ballenas recién nacidas.

El comportamiento de ataque se presenta mayormente en gaviotas adultas, pero también en juveniles que lo aprenden tempranamente por imitación, extendiéndose este hábito alimentario entre las gaviotas. Además, los basurales urbanos y pesqueros y el descarte pesquero en el mar, proveen alimento extra a las gaviotas, favoreciendo el crecimiento de sus poblaciones.

Los primeros ataques de gaviotas fueron observados a fines de la década del ’60, aunque en aquel entonces eran eventos aislados. 

Desde 1995, los investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas monitoreamos la frecuencia de ataques cada año, por lo que contamos con la base de datos de mayor extensión en el tiempo sobre este fenómeno biológico en la Argentina. 

Esto nos permite contar con una línea de base para conocer cambios en la evolución de esta interacción, y determinar si los esfuerzos que se realicen para reducir la frecuencia de ataques son exitosos. Estos registros han sido puestos a disposición de las autoridades competentes en el manejo y conservación de fauna para que se elaboren estrategias para reducir la frecuencia de estos ataques y sus efectos sobre el bienestar de las ballenas.




Los análisis de nuestro catálogo de fotoidentificación de ballenas francas de Península Valdés, desarrollado conjuntamente con el Whale Conservation Institute/Ocean Alliance, indican que en 1974 sólo el 1 por ciento de las ballenas francas tenían en sus lomos heridas producidas por las gaviotas. Sin embargo, ese porcentaje se incrementó al 38 por ciento en 1990, al 68 en 2000 y al 77 en el año 2008. No hay otro sitio en el mundo donde se registren ataques de gaviotas a ballenas con la intensidad y frecuencia de Península Valdés.

Si bien el comportamiento de ataque es propio de una especie autóctona, es muy posible que el excesivo crecimiento poblacional de las gaviotas tenga su origen en actividades humanas mal planificadas e industrias mal controladas. Sin más demoras deben tomarse acciones para reducir la frecuencia de ataques. Mejorar el tratamiento de los desechos urbanos y pesqueros es una prioridad. Debemos mostrar un compromiso ético ante estas ballenas y mejorar su calidad de vida. Esto redundará además en beneficio de la industria turística que ellas sustentan.

Para más información ver: Ballenas y gaviotas, una relación conflictiva
Las ballenas aumentan su velocidad de natación y cambian su postura de descanso arqueando la espalda para evitar los picotazos, que interrumpen el amamantamiento y el normal desarrollo de las ballenas recién nacida.
Incremento de ataques a la ballena franca(eubalaena australis) por la gaviotas cocinera (larus dominicanus) en Península Valdés. Descarga aquí la publicación
http://bit.ly/uda3zd
Las gaviotas abren heridas en la piel de las ballenas para alimentarse de su grasa, que queda visible y expuesta